Cuando un cliente invierte dinero en un proyecto de traducción, naturalmente espera un nivel de calidad acorde a su inversión. Los clientes tienen todo el derecho a estar molestos cuando su agencia de traducción habitual le ha entregado lo que, a su parecer, es un trabajo con una calidad inferior a la esperada.
Cuando estos casos suceden, el primer impulso es culpar al traductor y juzgar sus aptitudes. Pero en muchas más ocasiones de las que puedas pensar, este no siempre es el caso. La mayoría de los errores de traducción son el resultado de una mala planificación. Otros muchos proyectos fallan cuando el cliente y su proveedor no se comunican con la eficacia necesaria.
Conseguir un mejor diálogo y una mejor planificación son las claves para mejorar la calidad de la traducción. El primer paso es encontrar los puntos a mejorar y, posteriormente, adoptar las medidas necesarias para solucionarlos

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